No sé qué decirte... Me conoces tan bien, que cualquier pensamiento, cualquier palabra que intente transmitirte, tú ya la sabes. No hemos necesitado de mucho tiempo en nuestra amistad para mostrarnos cómplices, con tus historias y con las mías, hasta crear una burbuja especial donde no existen los secretos. Allí hemos estado siempre cómodos, solos o en compañía. Por eso me duele esta lejanía forzosa que el destino ha querido poner en el camino, donde las explicaciones coherentes no existen, sólo la sinrazón, pues de otra manera no puede entenderse que te esté pasando esto. Eres plenitud, bondad, buen hacer, sonrisas, sentimiento, fuerza... Por eso no concibo tan mala pasada. Ni siquiera sé cuándo leerás esto, pero tengo la sensación de que al escribirlo, mis pensamientos se refuerzan, aumenta la capacidad de transmisión, y te llegan todos y cada uno de mis pensamientos, así como de todos aquellos que desde el jueves te tienen más que nunca en mente. Debes luchar, principalmente por ti, porque peleas por todo lo que te propones, y tú mejor creación eres tú misma. Debes luchar, por tu familia, que precisa de tu día a día sonriente. Debes luchar, por todos los que te necesitamos. Lo vas a conseguir, mi niña.
¿Recuerdas aquel día cuando me comentaste que ibas a emprender una nueva aventura? Fue cuando caímos en la cuenta de que tu viaje comenzaría el día de mi cumpleaños. Casualidades. Pero lo de menos era eso, sino que ese día se cumplía un año de nuestra mangífica amistad (nunca olvidaremos el día que nos conocimos, con ese número de teléfono imposible y cierto caramelo que dio mucho de sí). Quería imaginarte en un avión ese día. Ahora no pensaré en ese momento, sino justo en un año después, cuando volvamos a celebrar mi cumpleaños y estemos brindando por dos años como amigos, viendo este traspiés como un mal trago que se coló en tu vida.
Sabes que hay una frase que sólo te digo a ti, que nadie más posee, y que te la dedico desde que nos conocemos. Ahora siento más que nunca la necesidad de repetírtela, mil veces, y otras mil veces más, porque será la mejor señal de que vuelves a estar con nosotros.
Buenos días, princesa.

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